Cecília y el hombre que se escondió de la ciudad


  Cecília tiene una gran mata de pelo negro, con raya en medio bien definida, que hace caer en cascada, a ambos lados, sus dos grandes cabelleras de color basalto. Ellas la definen cómo una fotografía de primer plano pretende ser un retrato nuestro, ese plano que quiere penetrar por dentro de nosotros sin querer quedarse en la superficie. Los ojos se describen mejor con aquella fotografía donde se mostró muy sobrecogida cuando sus amigos la sorprendieron en una cena de navidad con su regalo de cumpleaños. Su expresión mostró, en un trío mágico, asombro, agradecimiento y un maravilloso amor por algunas cosas de la vida como esta. El pastel que Carles le llevó con velas rojas encendidas era muy blanco y Cecília agradeció de forma muy encantadora, tal como indica su nombre, el libro de ermitas románicas del Pirineo de Girona, porque ella es de un bello pueblecito de la zona en el que precisamente matiza, con sus sueños, ese extraordinario cabello con su media estatura.